EL DESARROLLO DEL BEBÉ DESDE EL NACIMIENTO HASTA LOS DOS AÑOS
Cuando nos referimos al desarrollo de un ser humano, sabemos lo difícil que es realizar algunas precisiones, sobre todo delimitar cuándo empieza y cuándo termina una etapa, por lo que toda división que hagamos para fines explicativos no es rígida sino que admite cierto grado de flexibilidad.
Sí podemos afirmar que existen ciertos momentos, ciertos aprendizajes, que marcan un hito en el desarrollo y que es importante la forma en cómo esos cambios se produzcan, considerando en su conjunto al niño y su entorno.
El nacimiento
Hacia el final del período de gestación, el bebé habrá logrado una maduración y en ese desarrollo habrá incorporado la capacidad de percibir sensaciones.
En el útero, el feto se encuentra en un estado de protección especial que amortigua todas las sensaciones. Madre e hijo conforman una unidad, una unidad que indefectiblemente se separará. Y como preparándose para ello, a la vez que son uno, se diferencian, comunicándose.
El parto es una separación de la unidad que conformaban madre-hijo y aparece un tercer elemento: la realidad, el mundo exterior, la presencia de papá, de la familia, etc.
Esta separación es una experiencia nueva para la madre y para el hijo y al momento que se produce no tiene significado aún para el bebé. Ese significado lo obtendrá del mantenimiento del vínculo con la madre. Las nuevas sensaciones (sonidos, respiración, sensaciones gastrointestinales) serán perturbadoras y permitirán el acercamiento con la madre, así se irán uniendo a significados, siendo entonces este vínculo primordial el “puente” para el conocimiento y la adaptación del bebé con el mundo exterior. La madre con su presencia, su mirada, sus palabras, sus caricias y cuidados “juega al espejo” (fase del espejo) que le permitirá al bebé integrar su imagen y paulatinamente el mundo que lo rodea.
Los seres humanos en tanto somos seres sociales por excelencia, vemos que todo nuestro desarrollo está clara e indefectiblemente apoyado en nuestro componente biológico, nuestras potencialidades específicas, y por el entorno familiar, social que nos facilita o dificulta, nos sostiene o nos excluye de las posibilidades necesarias para nuestro crecimiento y supervivencia en su más amplio sentido.
“¿Es difícil ser bebé?”
Así es que durante los 2 primeros meses aproximadamente, la actividad que presenta el bebé es casi exclusivamente refleja. ¿Por qué? Porque en esta etapa lo primordial es asegurar la supervivencia de este nuevo ser que ha llegado al mundo y por eso son muy importantes los reflejos que trae de su vida intrauterina y que le van a permitir el sustento de la vida como son la succión, la deglución y la aprehensión. Los movimientos son espontáneos y totales del organismo. El bebé no presenta aún pensamiento o afectividad que le permita evocar objetos o personas.
Luego del segundo mes esas actividades reflejas comienzan a modificarse y a coordinarse unas con otras. Todavía no aparece la intencionalidad de los movimientos (coordina el brazo, el codo y la mano y se la lleva a la boca). Estos movimientos constituyen ahora hábitos.
A partir del cuarto mes se producen acciones orientadas hacia objetos exteriores a su cuerpo; existe ahora sí una coordinación entre la visión y la prensión. Y esto se produce aproximadamente de la siguiente manera: el bebé por azar produce un movimiento que tiene determinado efecto (por ejemplo agarrar un cordón) y busca entonces lograr una permanencia de ello. Por eso es importante la estimulación, es decir, interactuar con el niño, acercarle objetos adecuados y seguros, que capturen su atención (suaves, blandos, coloridos) que le permitan aprovechar este momento en que su sistema nervioso está algo más maduro y por lo tanto sus sentidos le permiten captar nuevas sensaciones importantes para su desarrollo.
Por el contrario, una sobreestimulación o apresurarse en este sentido puede generar en el bebé un exceso de ansiedad que repercutirá en un desequilibrio de sus otras funciones como son el dormir, la alimentación, etc. y alterará la adquisición que estábamos buscando.
Entonces, el bebé de alguna manera irá pautando los tiempos, irá mostrándonos de acuerdo a lo que le presentemos hasta donde puede llegar, pero también nuestra mirada atenta, nuestra ansiedad como papis orgullosos aplacada ayudará a que su desarrollo sea saludable.
Desde el octavo mes apreciamos una clara intencionalidad hacia una meta. El niño/a utiliza toda la inteligencia motora que adquirió en los estadios anteriores y la aplica a situaciones nuevas.
¡A conquistar el mundo!
Entre el año y el año y medio el niño/a experimenta (ensayo y error) para hallar nuevos medios; para ello ya distingue los medios de los fines y trata de provocar nuevos resultados por medio de lo que se denomina CONDUCTA SOPORTE (por ej. tira de una alfombra que tiene un objeto encima para acercarlo a él).
En este período es de esperar que logre la marcha y se aprecia un gran desarrollo del lenguaje (aunque en esto último se da una amplia gama de posibilidades en donde vemos algunos niños más “perezosos” que mantienen por más tiempo sus pocas y dificultosas palabras y otros que nos impresionan por el vocabulario rico y variado que manejan tempranamente).
Ya al año y medio y a medida que nos acercamos a los dos años el niño/a no necesitará experimentar para crear una situación nueva sino que podrá representársela interna y simbólicamente ya que habrá adquirido la noción de causalidad. En este estadio se consolida la noción de OBJETO PERMANENTE es decir que hacia los dos años el niño/a puede “imaginar” un objeto o una persona ausente y podrá representar simbólicamente gracias a la memoria de la imagen, que su mundo se extiende más allá del presente aprendiendo a esperar y a controlar su ansiedad. Es fundamental la actitud de los adultos que lo rodean en el logro de esta capacidad de representación, siendo pacientes y dándole al niño la calma y seguridad que implica nuestra presencia en forma incondicional.
LOS DOS AÑOS
Un elemento que se hace notorio a esta altura del desarrollo es el tipo de pensamiento que el niño deja ver en todas sus manifestaciones. El pensamiento es egocéntrico en el sentido de que el niño tiene una percepción de sí mismo como centro, se torna dificultosa la posibilidad de compartir (virtud que le enseñaremos con esmero hasta que su pensamiento le permita incorporarla).
El niño/a ya tiene contacto social con otros niños de su entorno (como el jardín de Infantes) pero no se da aún la participación con los otros en el juego, por lo tanto aunque tolera el juego colectivo su actividad lúdicra es solitaria y aún no existen las reglas compartidas en los juegos.
Otras características del tipo de pensamiento es que es artificialista (todo está hecho por el hombre) y animista (todo tiene vida). En el pensamiento del pequeño no hay sensibilidad a la contradicción y el niño/a se guía por un solo aspecto (la apariencia) estando el razonamiento sumido a los datos que le proporcionan sus sentidos.
En cuanto a lo que es la interacción con el mundo que lo rodea, la prensión se hace cada vez más precisa, todos los movimientos desde los gestos hasta la locomoción se van haciendo más coordinados. El movimiento es imprescindible para que a través de la motricidad el niño/a desarrolle el conocimiento y la utilización de su cuerpo que cada vez será más diferenciada y precisa.
Es esperable que un niño/a de 2 años corra bien sin caerse, suba y baje solo las escaleras, dé vueltas una a una las páginas de un libro y en lo que tiene que ver con la actividad gráfica imite el trazo de un círculo.
También puede alimentarse solo, usando cuchara o tenedor, puede derramar algo de alimento pero es importante estimularlo y facilitarle este manejo.
Es capaz de levantar torres de hasta 7 cubos, identifica dibujos (por ejemplo láminas de animales) y se adapta a situaciones después de algunos intentos. El papel del adulto habilitante y protector es de suma importancia porque le permite al niño/a desprenderse del mundo exterior y reconocerse como individuo.
En relación al lenguaje el niño/a en esta etapa utiliza el monólogo y por la interiorización de la causalidad y la finalidad aparece el gracioso y persistente “¿por qué?”.
De esta manera, entre los 15 y 24 meses hay un cambio definitivo en cuanto a la producción del lenguaje: pasa de un vocabulario utilizado para señalar necesidades y sentimientos a adquirir el concepto de lo que las palabras significan.
A partir de los 2 años podemos esperar que logre despegar dos conceptos que para él/ella antes eran inseparables: el significado de algo (lo que es la cosa en sí) y el significante (lo que representa): por ejemplo al principio dirá “agua” para indicar que tiene sed y más adelante reconocerá el agua y la necesidad de beber como dos cosas separadas. Esto es muy importante porque le permite acceder a una función fundamental para su desarrollo como lo es la FUNCIÓN SIMBÓLICA y específicamente el JUEGO SIMBÓLICO (el “como si”, por ej. toma una cajita y juega como que es un autito). Lo que también cambia es el ritmo de las palabras que va a utilizar, dependiendo de la estimulación que el medio ambiente le provea.
En esta etapa es variable la capacidad de acumulación de la experiencia, lo que hará variable también el grado de desarrollo cognitivo que incide a su vez en la adquisición de las estructuras del lenguaje.
Comprende órdenes y arma frases sencillas.
Se llama a sí mismo por su nombre y reconoce su propia imagen.
Ya desde el año y medio se vienen desarrollando algunos aspectos de la socialización que hacen esperables el control de esfínteres y la aparición del lenguaje. El niño/a al caminar descubre que es un volumen y que produce cosas. La sensación de “adentro” y la noción de “producir” le hacen aprender a retener y expulsar. La tensión intestinal y la excreción son sensaciones placenteras.
Desde el punto de vista emocional las frustraciones se van haciendo más frecuentes, va aprendiendo a esperar para defecar u orinar y se alegra por sus producciones; todo esto constituye un aspecto importante de su personalidad ya que aprende que él/ella puede controlar “el adentro y el afuera” adquiriendo conciencia del interior de su cuerpo.
Nuevamente qué importante es la calidad de la interacción que tengamos los adultos con nuestros pequeños: estimularlos en el lenguaje favoreciendo el uso adecuado de las palabras contemplando sus posibilidades de articulación y producción.
Asimismo ser tolerantes de sus ritmos y sus tiempos mostrándoles con paciencia y respeto y sobre todo con nuestro ejemplo, la forma de alimentarse, los hábitos de higiene y normas de comportamiento.
Lic.Psic. M.Guadalupe |